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Full text of "Luis Melian Lafinur Los Grandes Y Pequenos"

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ÍLOS GRANDES Y LOS PEQUEÑOS 



PUBLICACIONES DEL MISMO AUTOR 


Las Mujeres de Shakespeare — 1884 . 

Exégesis de Banderías. 

Los Treinta y Tres. 

Las Charreteras de Oribe. 

Charla Menuda. 

Sonetería. 

Causa Política de Avelino Arredondo (dos 

folletos). 

El Problema Nacional. 

Ecos del Pasado. 



LUIS MELI1N LJFIJUR 


LOS 

GRANDES 


PEQUEÑOS 


MONTEVIDEO 

Imp. “El Siglo Ilustrado” 

CALLE 18 DE JULIO, 23 

1910 




Algunas de las composiciones que siguen 
han sido escritas recientemente y otras hace 
algunos años; pero tienen todas, en conjunto, 
la unidad que les da el amor á la libertad y 
el odio al crimen, á la tiranía y á los prejui- 
cios sociales y políticos. Esos sentimientos ca- 
racterizaron mi adolescencia, y lejos de de- 
bilitarse , se han robustecido en mi corazón, 
con los años, el estudio y la observación del 
mundo. 


El Autor. 




L0S TREINTa Y TRES. 


Todo en calma yacía 

Y en tétrica amargura 

En la feraz región do el Plata hierve 

Y el Uruguay murmura! 

Del Cuareim al Atlántico se oía, 

En el letal sosiego, 

El ¡ay! apenas del doliente esclavo. 
Cenizas no más eran 
De un abatido fuego, 

La voz del libre y el ardor del bravo! 
Sólo el sopor funesto interrumpía 
Aterrador el Plata, 

Si en el silencio sepulcral rugía 
Con olas gigantescas 
Al estrellarse su soberbia innata 
Ante el enhiesto muro 
De formidables rocas 
Que de su resistencia por trofeo 
La guirnalda ostentaban, que de espumas 
Lanza el pampero entre borrosas brumas 
Sobre Montevideo: 

La sirena inmortal, diosa del río, 

Que si airado contra ella se levanta, 



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Luis Mellan Lafinur 


Dócil después viene á besar su planta. 

En sumiso homenaje 
Cuando contiene su furor bravio 
Y en lago trueca su revuelto oleaje. 

La plaza de armas al llorar su afrenta 
Huye la luz! Y el tenebroso día 
No es menos cruel que la enlutada noche 
Con embozadas nubes 
De horrísona tormenta, 

No tan dura cual la que azota al alma 
De la Patria, que su luctuosa suerte 
Por los minutos de su angustia cuenta^ 

Del Uruguay que en calma 
Viene á bañar la occidental orilla 
De la tierra que el extranjero humilla,. 
La argéntea linfa en su cristal espeja 
Súbita una visión fascinadora, 

Ruido al par se oye de eslabones rotos 
Con furia atronadora! 

Cede al punto el ingrato desaliento 
De quietud enervante, 

Cuando en el firmamento, 

La luz de redención brilla un instante.. 
No el lábaro es falaz de Constantino, 
Engaño de la mente fementida, 

Sino una cifra con aliento y vida 
Que en el cielo sin fin de la esperanza? 
La Gloria quiso en él ver esculpida 
Con signos de oro y fuego 



Los grandes y los pequeños $ 

De prístina limpieza 
En una aurora que en abril empieza. 

Treinta y Tres es la cifra misteriosa 
Que se lee en el espacio dilatado! 

Y la mirada ansiosa 

Del pueblo, con amor la ha contemplado* 

La olímpica visión alentadora 
No busca en las serenas 

Y tibias tardes del ardiente estío, 

Bajo un dosel de límpidos colores, 

Animar triunfos sin esfuerzo y penas, 

Sino que impele el temerario brío 
Mostrándole á las huestes que dirige, 

Broqueles destrozados, 

Bajo el pavés los cráneos estrellados, 

Lanzas con sangre de enemigos rojas, 

Y para combatir, el mes elige 

En que empiezan á caer mustias las hojas! 

Un gladiador vencido, 

Abiertas y sangrando sus heridas 
Tras lucha desastrosa, 

Es el pueblo uruguayo. Ha enrojecida 
En las lides más duras y reñidas 
Con sangre ¡ay! abundosa 
Los campos de batalla; 

Y en el bastión do alzábase radioso 
El pabellón sahumado por la Gloria, 



•10 


Luis Melian Lafinur 


La aclamación estalla 
Para el conquistador cuya bandera 
Quiso alzar en sus alas la Victoria. 

Efímera ella fué. Se cierra pronto 
La herida abierta en el robusto pecho, 
Cicatrizándose si hay organismo 
Capaz de resistencia. 

Recobrado el vigor, á un tiempo mismo 
Sublime esfuerzo é intrepidez renacen 
Con ímpetu mayor, más persistencia. 

Ese fué el caso del heroico pueblo 
Que, cuando se le daba 
Amarrado al dolor de su impotencia, 

Con su coraje dejó absorto al mundo, 
Fuerzas sacó de su organismo sano 
Que tres lustros de lidia no abatieron. 
Tras feliz brega con el león hispano 
Otra vez á dormir sobre el escudo 

Y á sus armas velar lo compelieron 
La vil intriga y atropello rudo 
Del audaz y ambicioso lusitano. 

Y ora un novel Imperio 
Que en serlo enloda al suelo americano, 
Sobre su nombre arroja vituperio, 

Y engarza aleve con traidora mano 
Por joya principal de su corona 

La tierra de los libres 
Do el patrio amor frenético eslabona 
-Sobre una mole de oro y de granito, 



Los grandes y los pequeños 


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Sarandí y el Rincón, aros fulgentes 
Que en la cadena del honor enlazan 
Renuevos florecientes 
Al laurel de Las Piedras y el Cerrito. 

La cifra portentosa 
Se transforma en belígero estandarte, 
Cuando despeja en redentor anhelo 
El sutil nimbo de matiz de rosa. 

El signo descender no ve del cielo, 
Abstraído, el enemigo centinela 
Que recorre el baluarte 
Mientras en noche silenciosa vela. 

Pero al nacer la aurora, 

Siente al par de la diana triunfadora 
Ruido de armas y voces de alegría 
Que el sol saludan de oferente día. 

En flamígeras alas raudo vuela 
El eco de los gritos, repitiendo 
Entre el aereo vapor de la mañana 
La nota que surgiendo 
Del Uruguay en canto rumoroso 
Repercute en la playa más lejana 
Impelida por viento proceloso. 

La voz llega á otros ínclitos campeones 
Que el sable afilan y la aguda lanza 
Afanosos aprestan. 

El clarín han sentido 
Que los llama á la lid Ya suena la hora 
De correr á la arena del combate; 



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Luis Melian Lafinur 


La intrépida falange redentora 
En cuyo pecho el entusiasmo late 
Ha pisado la orilla 
Por tanto tiempo ansiada! 

La cifra ora no brilla 
Con áureas letras en fulgente cielo! 

Desciende de su solio diamantino, 

Rasga al futuro su secreto velo, 

Y el triunfo anuncia que fijó el destino. 

Tienen ya junto á sí los inmortales 
A todos sus hermanos! 

Los Treinta y Tres son ora un pueblo entero,. 
Enjambre heroico de guerreros leales 
Que aborrecen monarcas y tiranos. 

La Patria los impele, la Esperanza 
Muestra el verde laurel para sus sienes; 

Su carro caprichoso 
De múltiples vaivenes 
La voluble Fortuna 
Detiene ante ellos, y con voz sincera 
«Confiad en mí», les dice: 

Sahumada por la Gloria hay una cuna, 

Y caduca, á una fosa se destina 
Una insana ambición. La Cisplatina 
Es la provincia que á la tumba baja, 

Y de los pliegues de su ruin mortaja, 

Entre constelaciones, 

Surge en el éter luminosa estrella 

Que muestra escrito en su soberbia frente 



Los grandes y los pequeños 


13 


El decreto inmortal que hermana la unge 
De las demás naciones! 

Es la Patria Uruguaya 
<Jue el hueco bronce atronador anuncia 
Cómo en ser libre su derecho ensaya. 

Y libre fué del extranjero yugo, 

Y con su independencia delirante, 
Augurio dulce acarició un instante 
En que á la dicha sonreir le plugo. 

Se dió sus leyes y ocupó su solio 
Bajo el dosel del pabellón triunfante 
En su reconquistado Capitolio. 

Mas había el averno reservado 
A la hidra impía de discordia horrenda 
El campo abierto á su sangrienta ofrenda 
En la Patria infeliz! Sucedió al brillo 
De dulce paz en el regazo amado, 

El siniestro fulgor con que el caudillo 
Sus armas al blandir, dejó afirmado 
Su predominio atroz. Séquito estulto 
Su divisa aclamó. Fué pisoteado 
El libro de la Ley con torpe insulto 
Por el casco del potro que lanzara, 

Cual huracán devastador, terrible, 

Con ímpetu feroz la turba ignara. 

La epopeya inmortal huyó al olvido 

Y sus páginas de oro, 

Con saña desgarradas, impelían 



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Luis Melian Lafinur 


Al patriotismo á preguntar: «¿Valían 
La pena los titánicos esfuerzos 
De cuatro lustros de batalla ruda, 

Para que como fin de lidia tanta, 

En vez de su saneado patrimonio 
De orden y libertad, el uruguayo 
Sintiera la cuchilla en su garganta?» 

El hálito del bien fué sofocado, 

Y al patricio clamor la vocería 
Sucedió, que de su caverna umbrosa 
Hizo tronar la impúdica anarquía. 

Y recogióse luego 
¡Ah! de Caín la herencia sanguinosa. 

¿Qué móvil vendrá inicuo á usufructuarla?' 
Antes que el odio, es ambición aleve 
La que nunca ha querido repudiarla! 

¡Ah! cuando pienso que el progreso mueve 
Su hercúleo brazo en el sagrado seno 
De la fecunda paz! Que en ella solo 
El rumbo cabe señalar sereno 
Que lleva al poderío y la riqueza 
Con blanda mano y porvenir seguro", 

Veo envidioso á las demás naciones 
Que al solio augusto de eternal grandeza 
Ascienden por la fausta paz alzadas 
Á las conquistas que á su sombra crecen! 

La angustia infanda que mi pecho oprime 
Sube á su colmo cuando miro ansioso 
La languidez en que mi Patria gime 



Los grandes y los pequeños 


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Si la comparo al auge portentoso 
Que en el concierto de felices pueblos 
Ostentan en su honor nuestros vecinos. 
Con su cívico ejemplo nos condenan 
Que ellos abren á próvidos presagios 
La puerta que en la Patria el error ciego 
Cerrara siempre al generoso ruego 
De dulce paz, consoladora amiga! 

¡Cuánto aliento de fuerza derrochado, 

Que á preguntar con amargura obliga: 
¿Suerte mejor á nuestro hogar no cabe? 
¿Es menos fértil nuestra tierra acaso? 
¿Nuestra raza inferior? ¿La agreste espiga 
El sol no dora con el mismo fuego 
Que brinda generoso á otras regiones? 

¿El peso á nuestros árboles no agobia, 
Como en el suelo que más rico sea, 

Con el maduro y abundoso fruto 
Que á dócil rama abrumador arquea? 

Y en el campo con mágicos cambiantes 
De color y de luz, siempre alfombrado 
De trébol lujuriante y de gramilla, 

¿No pace y multiplícase el ganado? 

Y al que buscó la protectora orilla 
Con el afán de su trabajo honrado, 

De la miseria huyendo las crueldades, 

En su tierra natal paria moderno, 

¿No le dan nuestras ricas heredades 
Su pan y fuego en el helado invierno?! 



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Luis Melian Lafinur 


Apóstatas inultos no hemos sido 
Ante el altar de inmaculada gloria! 

Inconmovible y pura 
Ella está ahí! Mas ¡ah! los vencedores 
Del extranjero, no supieron serlo 
De su propia pasión! Y cruel tributo 
De pena hemos pagado, acerba y dura, 
Al crimen de un edén haber trocado 
En infernal mansión de duelo y luto! 
¿Y nunca ha de cejarse del camino 
De perdición que el ánimo extravía 
Con insania fatal? Adverso sino 
Cien veces desgarró con mano impía 
La tradición de honor. Mísero esquife 
Que sin timón, la vela destrozada, 

Corre á estrellarse contra altiva roca, 

Tal ha sido arrastrada 
La Patria al borde que el abismo toca! 

Loor eterno á los héroes que volcaron 
En los escombros de Ja ílión derruida, 

La piedra sobre que luego se alzaron 
Las libertades á su nueva vida. 

Explotó con violencia el patriotismo 
Cual rayo destructor. Voraz la llama 
Llegó rauda al vivac del enemigo, 

Que tembló ante el incendio pavoroso, 

Al par sintiendo que estupor, sorpresa! 

El pueblo resurgió de su desmayo 
Y la conquista vió como en pavesa 
Aventóse el dogal del uruguayo. 



Los grandes y los pequeños 


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Á la Patria inmortal sonrió la suerte 
Cuando juraron en feliz aurora 
Los Treinta y Tres « O libertad 6 muerte 
¡Ah! para engrandecerse ¿qué le falta? 

Que en sus hijos se arraigue un sentimiento 
Que hoy generoso al corazón no esmalta 
Con los rosados prismas ni el destello 
De luz que las conciencias ilumina! 

La aspiración no existe que recoge 
En un solo haz y en una sola idea, 

El alma de la Patria, y la difunde 
Con alto vuelo de intuición divina. 

Si en el confín azul relampaguea 
Esa alma, ve sutil el horizonte 
En que se incuba la tormenta y cunde 
Con horrendo fragor. A conjurarla, 

La previsión del p atriotismo santo 
Basta, si late atrás un pueblo entero 
Que sus iras le muestre al extranjero. 

Mas si revienta asoladora y ciega, 

¿Quién es que la detiene 
En su impetuosa furia, cuando viene 
Con el rayo traidor que otras naciones 
Forjan si ven que el uruguayo pueblo 
Su civismo en fraternas disensiones 
Y su fuerza viril ha derrochado? 

¡Ah! de la Patria el lustre 

En la unión de sus hijos sólo estriba! 

La epopeya gloriosa 
No se prestigia sólo con hosannas, 


2 



13 


Luis Mellan Lafinur 


Alarde bullicioso de ardimiento, 

Teatral declamación, palabras vanas, 

Frases huecas que arrastra el raudo viento . . .. 
Para honrar nuestros ínclitos mayores 
De aquellos tiempos de la pugna heroica. 
Debemos esforzarnos 
En ser como ellos, cuando no mejores, 

Y conservar lo que supieron darnos. 

Los peligros que otrora aparecieron, 

De la ambición artera 
Girando en el fragoso remolino, 

¿Serán nubes por siempre disipadas? 

Pluguiera á un hado amigo que así fueral 
Mas ¿quién rompe secretos del destino? 

La América también tiene Polonias 
Al sur y al norte: de ellas es la culpa- 
Sin la discordia que agotó su nervio, 
¿Quién á despedazarlas fuera osado? 

¡Ay! irreconciliables las facciones, 

No vieron que ofrecían alfombrado 
De flores el camino á las legiones 
Que el guerrero clarín á la conquista 
Convocaba. ¿Los lares quién defiende? 

¿Los patriotas do están? Tendió la vista 
El enemigo; el militar arreo 
No vió; el ruido de bélicos enseres 
Tampoco oyó. . . tan sólo el clamoreo 
Del vil sometimiento entre los hombres, 

Y el llanto de vergüenza en las mujeres! 



Los grandes y los pequeños 

Seremos dignos de evocar la gloria 
Que el labio impuro y fratricida llegue 
A recordar, cuando á la augusta Historia 
La tradición nefanda se relegue 
De la guerra civil. Mientras su tea 
Esté encendida en criminal intento 
De cruel desolación, de muerte y ruina. 
No cabe más insólita blasfemia 
Que hipócritas laudar el sentimiento 
De la Patria inmortal. Mas si contritos 
Penitentes en cívicos altares, 

A la impiedad del odio y la venganza 

Renuncian los que adoran 

En las guerras sus dioses tutelares, 

Se puede acariciar dulce esperanza 
De apasionar al pueblo por los dones 
De la fecunda paz; que reclinado 
De ella en el seno ubérrimo, el progreso, 
Derrama á manos llenas bendiciones 
Que traen de la opulencia con el peso 
La fama y el poder á las naciones. 



TENTfteiéN. 


Me postro ante el santuario: 
Contrito orar deseo, 

Y acude temerario 
Para turbar la paz del corazón, 

El rayo de unos ojos 
Que á veces me han mirado 
Ni con piedad ni enojos, 

Pero abriendo camino á la pasión! 

Y el eco sonoroso 

De un terrenal suspiro 
Se acerca silencioso 

Y en las venas la sangre me hace arder! 
A mi perdida calma 
Se mezcla sin yo ansiarlo — 
¡Condenación de mi alma! — 

La forma escultural de una mujer! 

Por más que lo quisiera, 

Del pecho no la arranco, 

La ráfaga postrera 
De mi energía siento vacilar! 

Se debilita el eco 



Los grandes y los pequeños 


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En mí de castos votos, 

Y con la mente peco! 

Indigno soy de Dios en el altar! 

Pero esa sombra vaga, 

Pero esos ojos negros, 

Esa visión que apaga 
La luz de mi pasado y porvenir! 

¿Por qué ¡oh! cielos me acosa, 
Mi corazón remueve, 

Y en infundir se goza 
Tentaciones que no sé resistir? 

Procuro yo alejarlas, 

Mi voluntad inútil 
No puede disiparlas 
De la mente que sigue su vaivén. 
Tormentos y cilicios 
Mis carnes despedazan, 

Mas ¡ay! son sacrificios 
Que no me vuelven el perdido bien! 

Brilla la voluptuosa 
Silueta en mi retina; 

Su sombra vagarosa 
Desciñe sin pudor su veste ideal; 
Arroja los adornos 

Y exhibe con deleite 
Sus mórbidos contornos, 

Lúbrica imagen del amor carnal! 



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Luis Metían Lafinur 


Las horas de delirio 
En esta eterna lucha 
Acerban mi martirio 
Con la duda que horada ora mi fe. 

Mi creencia socavada 
Pregúntase anhelante 
Sin religión sagrada: 

¿Dónde su cielo mi esperanza ve? 

Y la naturaleza 
Que en mi alma adormecida 
A despertar empieza 
Su eterna fuerza de mi vida en pos, 
«Huye el umbroso abismo», 

Me dice, «y los furores 
«De ese hondo fanatismo 
«Que en ti forja una fiera contra Dios! 

«Es una cárcel dura 
«Tu lúgubre convento 
«Que fórrea ligadura 
«Y argolla servil es de esclavitud. 

«Da rienda á tu albedrío; 

«Que crean los que adoran 
«Su claustro negro y frío, 

«Que rebelarse contra mí es virtud.» 

Absorto el fraile queda! 

Ya la razón, ya el miedo 
Domínanlo. Remeda 
Del ebrio abyecto el inseguro andar. 



Los grandes y los 'pequeños 


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Su. espíritu indeciso 
Ya llora ó desespera: 

No ve el rumbo preciso 
Que debe á sus afanes señalar! 

Al fin la lucha cruda 
Su término aproxima. 

Asoladora duda 
No puede con su credo coexistir. 

Y el puro ideal eterno * 

De femenil belleza, 

Ye el fraile que al Infierno 
Lo arrastra si se deja seducir. 

Da su última batalla 
Exhausto, irresoluto! 

En su cerebro estalla 
La tormenta: le salta el corazón! 
Sujétanlo vestiglos 
Que la ignorancia alienta 
Desde hace veinte siglos, 

Y el fraile cae, perdida la razón! 

Levántanlo del suelo 
Los monjes que allí acuden, 

— «Quiero la luz del cielo», 
Clama, c mi celda es triste lobreguez»! 
Su cara demudada 
Revela la demencia: 

Lanza una carcajada 

Y vuelve á caer en muda estupidez! 



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Luis Melian Lafinur 


El fraile enloquecido 
Es víctima expiatoria 
De Torquemada, ungido 
Santo! . . . Espantable en místico disfraz !' 
Mas si esa sombra fiera 
La mente aun enceguece, 

A su infernal hoguera 
Ya nunca ha de llevar de leña un haz! 



QUEYEDO. 


«¿No ha de haber un espíritu valiente t 
« Siempre se ha de sentir lo que se dice r 
« Nunca se ha de decir lo que se siente ?» 

Así que mi alma á la amargura yo hice 
De esas rimas en que teme Que vedo 
Que el silencio cobarde se eternice, 

Más hube de admirar su alto denuedo 
Que ante la hipocresía no se humilla, 

Ni tiembla ni se encoge por el miedo! 

Satírico inmortal, su pluma brilla 
Al fulminar la corrupción inmensa 
Que todo lo que toca lo mancilla. 

En acerado apóstrofe condensa 
Su odio tenaz á la falange inmunda, 

Reo que saca á la eternal vergüenza, 

Y en la picota afrenta nauseabunda, 

Cuando la piel le arranca su sarcasmo, 

Azote cruel, pero lección profunda! 



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Luis Mellan Lafinur 


La carne flagelada en el espasmo 
De su dolor, por el cauterio clama, 

Y sólo cerca á sí ve el entusiasmo 

Con que la muchedumbre al vate aclama, 
Que mientras los demás ruines mentían, 

De la verdad ál encendió la llama. 

Temblaron los que el látigo sentían! 

La adulación plegó su labio impuro 
Al ver que sus vilezas se exhibían, 

Y en las tinieblas con secreto apuro 
La codicia ocultó sus desazones 

Y la insana ambición su afán obscuro. 

El premio del honor por sus lecciones 
Lo tuvo el gran satírico en seguida, 
Atormentado en lóbregas prisiones 

Que el fin aproximaron de su vida, 

Tan grande en gloria como en dicha breve! 
No era posible que una clase herida 

En su orgullo, juzgase agravio leve 
Vuelta verse en legión de fariseos 
Que sólo á impulsos de lo ruin se mueve. 

Si de Quevedo el fin colmó deseos 
Del deshonor que se creyó vengado, 

De su ignominia no absolvió á los reos, 



Los grandes y los pequeños 


27 


Que del poeta el verso halos mareado 
Con tan férrea presión sobre la frente, 

Que su estigma los tiempos no han borrado. 

Lastimosos por el hierro candente 
Yan los míseros tan envilecidos 
Al tribunal de la opinión rugiente, 

Que en vez de otros castigos merecidos, 

Por pena sola, vense del desprecio 
Del mundo entero siempre perseguidos. 

¡Oh! satírico ilustre! Hablaste recio 
En tu siglo, al mostrar la podredumbre 
Del cortesano vil y el vulgo necio. 

El valor te sobró cuando la lumbre 
Quisiste hacer en la conciencia humana 
Para tu edad de vicio y servidumbre. 

Tu tiempo no entendió tu voz arcana! 

Risa en el labio, y en la mente idea 
De altivez y venganza soberana. 

La nueva edad tu lucha gigantea 
En todo su valor ha comprendido; 

Mas duda ante lo que tu mente crea 
:Si sólo es carcajada, ó es rugido.... 



MAXIMILIANO. 


Aventurero estulto y ambicioso, 

Con el manto imperial caricatura; 
Usurpador que abrió su sepultura 
El patíbulo alzando sin reposo. 

Bonaparte, el histrión facineroso, 

Le ciñó una corona de amargura 
Cuando lo fascinó con la impostura 
De un Imperio perpetuo y poderoso. 

En su orgullo la Europa no veía 
Que un príncipe, de César disfrazado,. 
En América ya nunca cabría. 

De Miramar por eso iba trazado 
El paso que á Querétaro seguía 
Quien buscaba la muerte ajusticiado* 



TENTaNoa Yia. 


OBRERO 

.¿Por qué el obrero que á la lid se lanza 
Del mundo vasto con virtuoso intento, 

Y á la ruda labor su fibra inmola, 
Afanoso al buscar su pan, no alcanza 
Ni una migaja sola 
Del festín opulento, 

Bajo el dosel servido 

Del cielo inmenso en la llanura henchida 
•Con todos los deleites de la vida? 

A su labio sediento 
Tampoco nunca llega 
El licor de promesas ni aun lejanas, 

Para embriagarlo en la ilusión remota 
De que habrá de venir el dulce instante 
En que de aquel licor alguna gota 
Fresca y pura, al surgir de fuente ignota, 
Ha de apagar su sed febricitante! 

LA SOMBRA DE LINCOLN 

Hermano: no te mires, no, vencido 
Por el primer guijarro 
Que lastimó tu planta. 



30 


Luis Mellan Lafinur 


En la lucha la fuerza se agiganta, 
Fiereza al oprimido 
Da, y voluntad al que gimió abatido. 

OBRERO 

Desigualdad, nunca justicia veo, 

Y egoísmo que empuja 

De la concupiscencia el vil deseo. 

Óyeme ya! Con sudorosa frente 
El obrero el cimiento que eterniza 
Al soberbio palacio, 

Abre en día sin sol, crudo, inclemente! 

La muelle alfombra en que su pie desliza 
El potentado, v la brillante araña 
Que sus luces difunde en el espacio 
Del arte, abierto al lujurioso imperio, 

Del menestral la obra 
Son que horas de zozobra 
Pasó para endulzar la dicha ajena! 

Al terso espejo que el salón extiende 

Y en superficie ideal su ámbito llena, 

El cristal le ha bruñido 

Y el marco le ha dorado 

El artesano, á la obra hermosa atento; 

Y si luego con plácida indolencia 
Feliz el rico á la fatiga engaña, 

Es buscando el reposo de un momento 
En el blando almohadón que le ha bordado 
Otro ilota cual yo, otro desdichado! 



Los grandes y los pequeños 


31 


LA SOMBRA DE LINCOLN 

Yo, como tú, vi el porvenir obscuro 
Que me envolvió en sus nieblas más sombrías* 
Yo, también como tú, fué con mis manos 
Que la dura labor ha encallecido, 

Que abrí brecha en los montes más lejanos, 
Allá cuando en mis días 
Más duros, de pobreza y sufrimiento, 

Mi hacha de leñador me dió el sustento. 

OBRERO 

Oye: no hay senda que al Paraíso lleve 
Del placer y el contento, 

Ni nada el mundo mueve 

Que del obrero no señale el rastro; 

Y en cambio nunca llegan 
Los salarios, en la áspera jornada, 

El llanto ¡ay! á enjugar en que se anegan 
Ya el hijo tierno, ya la esposa amada 

Y si fuese tan solo 

Esta pena la que mi alma agitase! 

Pero el fantasma helado de mi muerte 
Que en huérfano convierte 
Al niño débil, y á la madre en viuda, 

Dentro del hondo abismo 
De indigencia sañuda 
Con duelo cruel me aterra, 

Y en mi sér fibra no hay que no sacuda*. 



32 


Luis Mellan Lafinur 


¿Qué promesa en la tierra 
Caber puede á mi pecho desolado, 

Si aun la esperanza ante mis ojos cierra 
Las áureas puertas de su Edén soñado? 

LA SOMBRA DE LINCOLN 

Al trabajo no robes un momento: 

El confortó las horas 
De mi triste aislamiento, 
Mostrándome, desde el cerrado monte, 
Las más embriagadoras 
Visiones en la luz del horizonte, 

OBRERO 

La caprichosa suerte 
Quiso esmaltar tu senda 
Con la flor inmortal de la esperanza, 
Y colocó en tu tienda 
De zapador predestinado y fuerte, 

La guirnalda del triunfo, 

Que el destino no alcanza 

Jamás á dar como abundosa ofrenda. 

LA SOMBRA DE LINCOLN 

En la órbita inmortal de lo infinito 
En que todos giramos, 

La duda es la blasfemia, 

O el angustioso grito 
Del que sintió su corazón cobarde. 



Los grandes y los pequeños 


33 


OBRERO 

La indómita energía 
Que en tus palabras arde 
Admiro, y templa la amargura mía. 

Ante tu fe mi pena no se postra, 

Pero mi pensamiento se enardece 

Y de un cruel sino la impiedad arrostra. 

¡Oh! patricio inmortal, oye un momento: 
JSTo fueran tu virtud, tu noble intento, 

Los que te dieran gloria en tu camino, 

Si propicio destino 
No meciera tu cuna. 

Y de tu adolescencia el ardimiento 

Que triunfos te ha brindado, 

Fuera estéril si próvida fortuna 
Con sus potentes alas 
No te hubiese en su vuelo levantado 
De tu choza de ruin techo pajizo 
Al solio en que te viste colocado. 

LA SOMBRA DE LINCOLN 

Repudio yo el hechizo 
Que hallas tú de mi vida en el sendero. 
Hijo soy de mis obras, y no quiero 
Que lo providencial, secreto y raro 

En mi conciencia cívica se mezcle. 
Siempre el deber preclaro, 

‘Cual la verdad, fué de mis pasos guía; 


.3 



34 


Luis Mellan Lafínur 


Y lo mismo en los tiempos más penosos 
De la existencia mía, 

Como en los tempestuosos 
En que con brazo fuerte 
Del esclavo rompí cadena impía, 

No halló mi pensamiento nunca valla 
Que destruir no pudiera 
Mi voluntad, lo mismo en la batalla * 
Desesperada y fiera, 

Que allí donde la fuerza nunca impera 
Mas da paso á la intriga y la mentira. 

Acobardan los golpes y tropiezos 
A los que en la primer escaramuza, 

Si no salen ilesos, 

A una airada deidad acumularon 
Los males que sus bríos agotaron. 

OBRERO 

Si para ti no existe buena ó mala 
Esa oculta deidad que desconoces 
Ni ese arcano destino en que yo creo, 

¿Por qué otro leñador cual tú no escala, 
Al ruido de las voces 
Del pueblo en su estruendoso clamoreo. 
Esa cumbre inmortal de que resbala 
Y se hunde en la impotencia 
Tanta ambición tenaz y esfuerzo tanto 
De la honrada consciencia. 

Del patriotismo santo? 



Los grandes y los pequeños 


35 


LA SOMBRA DE LINCOLN 

Como flores que encubren precipicios, 
Abnegación, deber, son sacrificios 
Que se mezclan con lágrimas y gloria. . . 
Esta su mano se dignó tenderme 
Cuando el pueblo, anhelando una victoria. 
En mí vió el varón justo, el ciudadano 
Que encamaba su fallo soberano 
Al levantar á una humillada raza 
De la abyección más vil y servidumbre, 

Al solio de igualdad donde se enlaza 
La augusta Libertad con el Derecho, 
Llamas qií£ brotan de una sola lumbre; 

Pero también me estaba reservado 
Por la venda ¡ay! de un criminal delirio 
Que encegueció á un malvado, 
Ceñirme la corona del martirio 
En el paso postrer de mi jornada, 

Después que triunfador me vi aclamado. 
¿Y cuándo fué que generoso el hado 
Colmara con sus dones 
El dulce encanto de mi hogar sencillo? 
¿Cuando se levantaron los pendones 
De infausta guerra, y con el sol el brilla 
De sus armas las bélicas legiones 
Mi vista obscurecían, 

Y con creciente horror me atormentaban? 
¿O cuando de aquel sol resplandecían 
Los rayos que en el monte fulguraban 



$6 Luis Melian Lafinur 

Y en el montón de leña 
Que apilaron mis manos 
Sus cambiantes de luz desparramaban 
Por montañas y llanos? 

Horas serenas de inefable dicha 
Que después hasta mí nunca vinieron. 
Son las de aquellos años juveniles 
Que en callada quietud me adormecieron! 

OBRERO 

Y ¿por qué renunciar á tal halago 
Para en horas febriles 
Jugar la dicha de tu hogar trasudo 
De la contienda al fragoroso estrago? 

LA SOMBRA DE LINCOLN 

El deber señalóme en el combate 
El puesto en que se sufre y se resiste. 
No hay hijo, ni mujer, ni hogar existe 
Cuando la Patria á su defensa llama. 

Tu pecho en esperanza se dilate; 

Cual se presente acata tu destino; 

De él tu alma no reniegue 
Con ira ciega ni rencor mezquino, 

Y espera que te llegue 

La hora de los éxitos sonados, 

Que muchas veces son en el camino 
Con lágrimas de sangre sollozados 

Y con sangre y con lágrimas regados. 



Los grandes y los pequeños ■ 37“ 

Mas graban en eterno mausoleo 
Por mano de la Patria agradecida,. 

Que la inmortalidad no es devaneo 
Cuando vivióse una abnegada vida^ 


1894. 



©RIST©. 


Si soy hombre, ¿por qué servil me adoras? 

¿Que postrarse ante un hombre es ruin ignoras? 
Si fuera Dios, ¿por qué me compadece 
Tu amor, si un Dios no sufre ni perece? 

Si escarnecido afirmas que yo vime, 

El ser Dios de vergüenza me redime. 

Si de hombre-dios me califica el mundo 
¿Dónde es que tal engaño yo difundo? 

Que por mis farsas reales y divinas 
Mi sien la plebe coronó de espinas! 

Y mi crucifixión sólo fué un juego 
De que al resucitar, me burlé luego! 

De tal serie de enjuagues el absurdo 
Se presenta á la mente más que burdo! 

¿Puede en un Dios caber el sufrimiento 
m que padezca y muera en el tormento? 

Y de verme mortal, yo uno entre tantos 
Fuera gota en océano de quebrantos; 

Y no ofreciera mi dolor matices 

Más crueles ¡ay! que el de otros infelices, 
Tragados de maldad en el abismo 
Que hondo cavó el nefario fanatismo. 

^Cuántos hubo en el potro, destrozados, 



Los grandes y los pequeños 


39 


Á una saña feroz sacrificados! .... 

En la rueda crujir otros sus huesos 
Sintieron al compás de santos rezos! 

Desnuda virgen se vió á un poste atada 
Para ser viva por infiel quemada .... 

¿Cuánta sangre inocente se ha vertido 
Por fervor religioso fementido!! 

Hora es de que la explotación termine 
De un tiempo que en suplicios se define. 

De haber sido yo un Dios, no consintiera 
Al paganismo ser terrible fiera, 

Ni que en pos de él viniese el cristianismo 
Sus huellas á seguir con odio el mismo, 

E insaciable también en sus rencores 
La medida colmase á los horrores!! 

Y si hombre hubiese sido, á buen seguro 
Que contra mí se alzase ni un perjuro! 

Porque fuera mi máxima terrena 
Que nadie manda en la conciencia ajena, 
Para ultrajar con criminal intento 
La inmortal libertad del pensamiento. 


1879 . 



ARKALD0 DE BRESGia. 


La sombra de Abelardo ya se perdía 
De los años que avanzan en el torrente, 
Cuando Arnaldo de Brescia, por Lombardía* 
Alzó la frente. 

El discípulo al maestro no le cediera 
Ni en valor ni entusiasmo. Su pensamiento* 

A toda muchedumbre llegaba, y era 
Resurgimiento, 

De aquello que tiene granítica base, 

La ciencia que rasga la nube de atraso 

Y en cuna de flores el arte renace 

Con fácil paso. 

Mas debía de sangre tener su sello 

Y por el martirio verse consagrado, 

Y Arnaldo de su alma dió el postrer destello* 

Crucificado. 

Fanático un Papa y un bárbaro fiero 
El crimen cometen que baldón arroja, 

Al Papa en barbarie lo pongo primero* 

Que á Barbarroja. 


1878. 



PRO PftTRI». 


No lloran penas, ni infecundos goces 
Son deleite al amado de los dioses 
Que muere en su temprana juventud. 
Menandro así lo dice, para gloria 
De los que velan pura una memoria 
Dentro del ataúd. 

Oh! mancebo gentil! Cuán arrogante 
Tú de civismo en un supremo instante 
Retar quisiste arcano porvenir! 

Por siempre te envolvió la eterna noche 
De redención, ahorrándote el derroche 
Penoso del vivir. 

¿Qué secreto guardábate profundo 
En sus abismos, insondable el mundo, 

Para despedazar tu corazón? 

¿Cómo propicio presagiar un sino 
Que á la envidia cerrárale el camino 
Del odio y la pasión? 

El viento helado que en la tarde zumba, 
Mustio no lleva á tu tranquila tumba 
Los sollozos de un hijo en la orf andada 



42 


Luis Mellan Lafinur 


Ni acongoja tu sueño, lastimera 
Lágrima de enlutada compañera 
En triste soledad. 

No descendiste á mendigar mercedes, 
Ni tampoco has caído entre las redes 
De una beldad á tu cariño infiel, 

Que llevase á tus labios en un beso, 
No la dulce embriaguez del embeleso, 
Sino la amarga hiel. 

Caro doncel que entre guerreros sones 
Diste un eterno adiós á los blasones 
Con que el valor tu sacrificio honró! 
Este epitafio que tu vida cierra 
Es el más envidiable de la tierra: 

«Por la Patria murió!» 


1904. 



t©S SEMI-OIOSES. 


EL GENIO DE LA GUERRA 

Antorcha soy y alumbro las ciudades 
Que de flores alfombran mi jornada, 
Penetra de mi genio la mirada 
Del mundo entre las vastas soledades, 

Y en el suelo que yermo otras edades 

Estériles, dejaron, 

Mis invictas legiones 
En mi nombre levantan pabellones; 

Y á pueblos que ante mí no se humillaron 
Del mapa los borré de las naciones, 

Y lancé airado mi corcel de guerra 

A pisoteár la tierra 
En que de libertad naciera el árbol 
Ponzoñoso, infecundo, 

Que su sombra letal brindaba al mundo. 

CORO DE LOS PUEBLOS 

Genio henchido de impúdico orgullo! 
Nada iguala tu horrible cinismo 
Cuando exhibes tu cruel despotismo 
Como histórico insigne blasón; 



44 


Luis Melian Lafínur 


Los imbéciles somos nosotros 
Que regamos tu campo de gloria 
Con la sangre más pura, que escoria 
O carne es para ti de cañón. 

Cuando se oye de novias y esposas, 

De la madre y la hermana el sollozo, 

De egoísmo en sarcástico gozo 
Juzgas ese dolor baladí; 

Y el hogar que gimió desolado 
En la negra aflicción y en el luto 
Sólo crees tú que paga el tributo 
De la grey que se postra ante ti. 

CORO DE SOLDADOS 

¿Dónde hallaras belígeros triunfos 
De tu atroz ambición inclemente, 

La corona que ciñe tu frente 
Con insigne verdoso laurel, 

Do el poder de que abusa tu espada, 

Si nosotros, impávidos, bravos, 

Banda dócil de armados esclavos, 

No quisiéramos ser tu escabel? 

Con nosotros de César la estrella 
Brilló un tiempo, esplendente, en la Galia, 

Y esa misma en la lid de Farsalia 
Expirante la Libertad vió. 

La República un día otra fiera 
Destrozó con su garra en Brumario, 



Los grandes y los pequeños 


45 


Y á su arbitrio brutal y nefario 
Las naciones en sangre empanó. 

Pero ya no queremos más amos, 

Ni á otros pueblos privar de sus fueros, 

No anhelamos botín ni dineros 
Conquistados en lucha desleal; 

Nuestras armas son cívico escudo 
Del Derecho y la Patria querida, 

Y por ella daremos la vida 
Pregonando su gloria inmortal. 

EL GENIO DE LA QUERRA 

Callad, turba menguada, 

Que cuando no tenéis un amo duro 
Que os guíe cual manada 
Que el pastor lleva hacia el arroyo puro 
Para saciar su sed desesperada, 

Vaciláis en la vía, 

Y sin hogar, ni pan, ni cierta huella, 

Sabéis sólo llorar la ruin querella 

Que conduce del hambre á la anarquía. 

De esos extremos salvó á Roma, César, 

Y de esos á la Francia, Bonaparte, 

Providencial el genio 
Pasea su estandarte 

Del vasto espacio en el mundial proscenio, 
Y su obra duradera 
La recoge y admira 
La humanidad entera. 



46 


Luis Melian Lafiuur 
/. 

CORO DE LOS PUEBLOS 

¿Qué herencia á César le debe Roma? 
Aquellos monstruos que la ultrajaron; 
Déspotas viles que encadenaron 
A sus caprichos la humanidad, 

Hasta que la antes ciudad altiva 
Ebria bacante ya en fango y vicio. 
Aceptó abyecta su sacrificio 
Con resignada, torpe humildad* 

Luego los Papas de poder ávidos. 
Nuevos Tiberios, ó Dioclesianos, 
Fueron corruptos, fueron tiranos. 
Huyendo siempre fulgente luz, 

Y en las tinieblas de sus horrores 
El altar, trono de hipocresía, 

Fué el solio impuro do se esgrimía 
Entre puñales sangrienta cruz. 

Y Bonaparte como una ráfaga 

Pasó que el ámbito llena un momento, 
Sin que el empuje, rudo, violento, 

De su alevosa furia febril . 

Deje memoria que no sea triste 
De iniquidades un sueño vago, 

Que horror evoca por el estrago 
Que hizo en la tierra su planta vil. 



Los grandes y los pequeños 


47 


EL GENIO DE LA QUERRA 

Del polvo de los héroes que electriza 
A la inconsciente y móvil muchedumbre, 
De su augusta ceniza 
Ha de surgir radiante 
La inextinguible lumbre 
A cuyos rayos la memoria evoca 
Las glorias que el pasado reverbera 
Cuando el presente toca, 

Helado por la atmósfera de miedo 
Que se dilata en la vulgar esfera 
Donde el insigne honor y alto denuedo 
Se toman por miseria y por quimera. 

Ha de reaparecer potente el César 
Que escogiendo las razas más viriles 
Al grito portentoso 
De marcial osadía, 

Las arrastre á vencer pueblos serviles, 
En la paz y alegría 
Contentos de su suerte, 

Que vida no es sino sueño de muerte. 

CORO DE VÍRGENES AMERICANAS 

Luce la aurora de un nuevo día 
En pos de noches de servidumbre; 

Del Alleghany dora la cumbre 
Rayo el más puro de ardiente sol; 

No empalidece, cual tenue lampo 



48 


Luis Melian Lafinur 


.¡Besa los Andes, los acaricia, 

Y les derrama su áurea primicia 
Bajo cendales mil de arrebol. 

Puro al rocío, de matiz rojo 
Ora no tiñe la sangre hirviente; 

En sus suspiros bebe el ambiente 
Sus perlas diáfanas como cristal, 

Y ya no tronchan con cargas fieras 
En el desierto del campo vasto 
Ala flor alba que esconde el pasto, 
Los escuadrones cual vendaval. 

El César duerme su noche eterna, 
Viles esclavos velan su sueño, 

Y un mundo alienta de un solo dueño 
Que es uno solo, y es multitud: 

Tiene sus héroes: Washington, Sucre, 
El pueblo es amo, y ellos soldados 
.Sin impurezas, acrisolados 

Entre las llamas de la virtud. 

Ellos el polvo morder le hicieron 
A los campeones que lanzó Europa: 

Y no hirvió espumas dorada copa 
Para los reyes: en el dintel 

De su derrota, secos los labios, 

En vez de néctar, negro veneno 
üeventó el caos que abrió su seno 
Para aplacarles su sed con hiel. 



Los grandes y los pequeños 


49 


Madre América! Oye: Europa enferma 
Se desmorona como una ruina, 

Clavada lleva punzante espina 

Y vacilantes sus pasos son, 

Las multitudes de las entrañas 
De un volcán surgen; terrible lava 
Brota del cráter de odios que acaba 
En los estragos de la explosión. 

Abre los brazos! Llaman tu puerta 
Los que han dejado su hogar remoto 

Y que sus lazos de patria han roto 

Y buscan otra soñándote. 

Huyen, de Europa la atroz miseria, 

A ti se allegan y pan te piden, 

Tu exuberancia de vida miden 

Y á tus pies rinden su nueva fe. 

EL GENIO DE LA HISTORIA 

Alcen los pueblos la soberbia frente 
Sin semi-dioses que servil lisonja 
Genios providenciales 
Llama siempre, borrando con la esponja 
Del olvido, sus hechos capitales 
De crimen y maldad al encumbrarlos 
Por efímeros triunfos. Para todos 
Ha llegado y serena ha de juzgarlos 
Esa posteridad que nunca engaña. 

No hablaré de los monstruos sentenciados 


4 



50 


Luis Mellan Lafínur 


Ya por mi augusto tribunal; mas quiero' 
Con mente fría, sin pasión ni saña, 
Hablar del postrer César. El mantiene 
Su obra nefanda en luz harto indecisa 
Por su férreo prestigio de soldado; 

Y en póstumo homenaje nuevo yugo 
Quiso aceptar la Francia infortunada 
Cuando demente renovar le plugo 
La diadema imperial, que degradada 
Cayó á los fosos de Sedán un día 
De humillación, en la derrota umbría. 

Aguila audaz, de garra prepotente 
Que su presa buscaba, 

Y que estrecha encontraba 

De su isla nativa el patrio ambiente 
Para su inmenso anhelo 
De remontar altiva 
De la gloria inmortal al alto cielo, 

Luego de echar su vista inescrutable 
En tierra abierta á su codicia ardiente 
Al viento rudo que meció su nido 
Le pide que con rumbo al continente' 
Ayude el atrevido 
Designio que acaricia persistente. 

El huracán su horrísono rugido 
Hizo tronar al punto 

Y el águila sus alas 

Batió para fundirse en el conjunto' 

Del bramido estridente 



Los grandes y los pequeños 


51 


Que envolvió en un momento 
La tierra y mar al son del bronco viento. 

Atravesando negras tempestades 
El águila su vuelo al fin detiene, 

Y el suelo codiciado 
Por presa, le brindó gloria, renombre, 
Para que al mundo asombre; 

Su garra reveló en Lodi y Areola, 

Pero una presa sola 
Del águila rapaz fué ambicionada: 

La Libertad que vióse encadenada, 

Por Bonaparte en todo un hemisferio 1 

Traidor á la República tú alzaste 
Sobre sus ruinas un fugaz imperio. 

¿Qué valieron los triunfos 
Con que un día soberbio te mareaste 
De la lisonja vil con el sahumerio? 

Hundirte en el abismo 
De tu atroz, infecundo despotismo, 

Para que fuera la final escena 
De tu ominoso drama, 

El frenesí infernal que tu alma llena 
Amarrado al peñón de Santa Elena. 

¡Oh! tigre carnicero 
Que una sangrienta arena 
De toda Europa hiciste! 

En tu orgullo feroz no comprendiste 
Que pueblos azotados 
Por tu cruel tiranía, 



52 


Luis Mellan Lafinur 


Fueran después los pueblos sublevados 
Que te hundirían en oprobio un día! 

El de Daoiz y Velarde 
Fué el primero que dióte lección ruda, 
Y luego heroico el ruso 
En condición te puso 
De que quedase muda 
Tu vil soberbia en su ostentoso alarde, 
Cuando huyendo buscabas en la nieve 
El sol de la mañana y de la tarde! 

Fué del cosaco la terrible huella 
La que encontraste próí ago, vencido, 

Al eclipsarse tu maldita estrella. 

¡Oh! impúdico tirano 
Que hollaste pueblos, libertad y leyes, 
Los lauros que arrancaste tú á los reyes 
A tus duras derrotas no equivalen, 

Que los viejos cañones 
De Austerlitz, Eylau, Jena, 

Si para alzarte una columna salen 
Del parque en que guardabas los trofeos 
De tu imperial leyenda sanguinosa, 
También pueden los pueblos libertados 
Que á Waterloo mandaron sus soldados 
Para final castigo á tu osadía, 

Levantar de Vendomme otra columna 
Con aquellos cañones desmontados 
Que perdiste ese día, 

Ultima etapa á tu exterior que empieza 



Los grandes y los pequeños 


53 


Cuando de un pueblo la pujante hazaña 
Se iniciara abatiendo tus pendones . 

Y exaltado por cívicas pasiones 
En Bailón tu soberbia escarmentase 
Hasta que el fuego de Moscou sellase 
La fecha de tus crueles expiaciones, 

Para que así abortase 
El designio infernal de á tus cadenas 
Sujetar á los pueblos y naciones. 

¿Qué le debe la Gloria 
Al empuje fugaz de tus legiones? 

El odio de los pueblos que asolaron 
Ellas siguiendo tu bridón de guerra: 

Que en París los cosacos vivaquearan 
Cuando á Francia vencida escarnecieron, 

Y todas sus fronteras retacearan 

Y todas tus conquistas humo fueron, 

Así que Europa al verse redimida 
El hosanna entonaba en recio coro 
Proclamando de Francia el vil desdoro; 

Y por mayor vergüenza de tu historia 
Llegó á servir tu tradición más tarde 

Para aquella irrisoria 
Resurrección en tono joco-serio 
De ti, que se llamó segundo Imperio! 
Servil caricatura 
Que por analogía 
De tus secos laureles, 

Sigue el mapa de Francia compendiando* 
Las fronteras del Rhin, tú las perdiste, 



54 


Luis Mellan Lafínur 


De la Francia el baluarte más temido. 

Y para no ser menos 
El mono que imitarte había querido, 

La Alsacia y la Lorena 
Perdió al par de su trono carcomido 
Por las aguas corruptas que en la orgía 
Imperial arrastró en su lodo el Sena. 

Eso merecen, nada menos que eso, 

Los pueblos por un César deslumbrados. 
Y el mentido, idolátrico embeleso, 

De rauda gloria, y tras su eclipse nada, 
Sólo deja un recuerdo doloroso 
De sangre, de exterminio y de matanza 
Que se vuelve fantasma pavoroso, 
Nemesis implacable, 

El día #n que la venganza 
Rugido formidable 

De execración contra el vencido lanza. 


1885. 



EL GAU@H@. 


I 

Es el centauro bravio 
Que en el Río de la Plata 
Todo lo extremo retrata: 

Ora lo justo 6 lo impío, 

Lo radiante ó lo sombrío, 

De que está su pecho lleno. 

Por desgracia, al gaucho un freno 
En sus pasiones feroces 
Aun no le han puesto los goces 
De un hogar dulce y sereno. 

II 

Hubo en su mirada mucha 
Luz prof ética. Un instante 
La democracia anhelante 
Se alarma; el rumor escucha 
De que hay traición en la lucha 
Por la igualdad y sus fueros. 

Son los gauchos altaneros 
Los que la escudan entonces; 

Más que mármoles y bronces 
Son sus hechos duraderos. 



Luis Metían Lafinur 


III 

Envuelven los monarquistas 
A los pueblos en sus redes, 

* Para ofrecerles mercedes 
De engañosos alquimistas, 

Siendo sus míseras vistas 
Por otro un amo cambiar, 

Sobre un trono el nuevo alzar. 
Rechazó el gaucho uno y otro, 

Y logró, erguido en su potro 
La democracia salvar. 

IY 

El gaucho es ya la leyenda 
Que se esfuma en lontananza, 
Donde el pasado se alcanza 
Evocando la contienda 
En que el gaucho dando rienda> 
A su albedrío y pasiones, 

Se contó entre los campeones 
Del día de la batalla. 

Que él entre el humo y metralla 
Sabía enlazar cañones! 

Y 

De su Patria, furibundo 
Defensor fué. Desde el rancho 
Contempló que era el más ancho 



Los grandes y los pequeños 


Teatro á su ímpetu iracundo, 
Redimir con sangre un mundo 
En el campo de pelea; 

Y sin ninguna otra idea 
Más que la de su albedrío, 
Confiado en su agreste brío 
Corrió á la lid gigantea. 

VI 

Reta el gaucho al león ibero 
Con decisión. Y da el grito 
Que en Las Piedras y el Cerrita 
Repercute. El eco fiero 
Del mismo clarín guerrero 
Oye luego el lusitano. 

Y al imperio americano 
En Sarandí y otras lides, 

Lo atropellan nuevos Cides 
De aliento republicano. 

VII 

Deja su rancho de barro 
Ei gaucho; que eso le exige 
La Patria. Poco lo aflige, 

Que al azar, como un guijarro. 
Queda con solo un cacharro, 

Un mate y una bombilla, 

Su china, buena y sencilla, 



Luis Mellan Lafinur 


Que cuando á su adiós responde, 
Procura enjugar y esconde 
El llanto que en su faz brilla. 

VIII 

— No quieras por otra alguna 
Dejarme. Por ti, ella dice, 

De mi hogar abandono hice 
Cuando al rayo de la Luna 
Sin vacilación ninguna 
En una noche de enero 
En ancas yo de tu overo 
Con mi súbita partida 
Dejó á mi madre afligida 
Porque soy tuya y te quiero. 

IX 

—Ah! china de mis encantos! 
¿Cómo olvidarte podría? 

De ti todo me hablaría 
Con los recuerdos más santos! 

En triste hora de quebrantos 
O en días esplendorosos 
En que entreveros gloriosos 
Diesen lustre á mi bandera, 

El viento traeríame entera 
Tu alma envuelta en tus sollozos, 



Los grandes y los pequeños 


X 

Así, sin remordimiento 
Por la mujer que dejaba, 

Todo el gaucho abandonaba 
En aras de un sentimiento 
De aventura y de odio cruento 
Hacia un régimen que ignora 
Si su carácter desdora. 

Se alza y muere como un bravo 
Pretendiéndose un esclavo 
Que á la Libertad adora. 

XI 

Cantando su independencia 
El río Uruguay y el Plata, 

De ambos la extensión dilata 
Tumultuosa efervescencia; 

Y cuando con turbulencia 
Del Plata azotan las olas 
La orilla do el gaucho á solas 
Guirnaldas sueña en su frente, 
Se las ciñe espuma hirviente 
Con argentadas aureolas. 

XII 

Por el triunfo consagrado 
Su bélico ardor glorioso, 



60 


Luis Melian Lafinur 


En vez de buscar reposo 
A su vida de soldado, 

Se le ve que descamado 
De nuevo su potro abreve 
En el Uruguay, y lleve 
Sus entusiasmos viriles 
A las contiendas civiles 
Que el caudillaje promueve. 

XIII 

Á la Patria salvó un día 
Para al siguiente afrentarla, 
En miserias enfangaría 

Y en la garra inmunda, impía,. 
Del caudillaje, á la orgía 
Lanzarla del odio y crimen. 

Y de la muerte en el limen 
Ponerla cuando, sombrío, 
Desborda de sangre un río 

Y madres y esposas gimen. 


XIV 


Torna imposible el caudillo 
La libertad. Y el Progreso 
De la guerra en el exceso 
Pierde su fecundo brillo, 
Muere al filo del cuchilk) 
Civilizador ensayo, 



Los grandes y los pequeños 


61 


Y la pasión forja el rayo 
Que fulmina como á fieras 
Generaciones enteras 

Del pobre pueblo uruguayo. 

XY 

No hay para el caudillo hermanos 
Sino amigos ó enemigos! 

Éstos para los castigos 
Más terribles é inhumanos, 

Y aquéllos para las manos 
En contienda fratricida 
Empapar en la homicida 
Sangre del pobre caído, 

Que para el gaucho el vencido 
Tiene pena de la vida 

XVI 

Por más horror, en chircales, 

En los montes y las sierras, 

En enarenadas tierras, 

Por ríos y tremedales, 

Se oyen cantos sepulcrales 
Cuando en la noche callada 
Á la bóveda estrellada 
Se mezclan místicas luces, 

Que fulguran en las cruces 
Que clavó piedad^sagrada. 



Luis Melian Lafinur 


XVII 

Se oye el fúnebre concierto 
De la soledad umbría; 

Zumba el viento la elegía 
De las noches del desierto. 

Y todo anónimo muerto, 

De cada árbol en las hojas, 
Llora punzantes congojas 
Como espinas de los talas, 

Y de las tumbas son galas 
Margaritas albas, rojas! . . . 

XVIII 

No hay una mata de pasto 
En la alfombra de gr amilla. 
Ni flor del campo sencilla 
En el escenario vasto 
De esmeralda, que nefasto 
El desolado alarido 
No memore de un herido 
Que el vil carancho acechase 

Y la agonía le infernase 
Con su lúgubre graznido. 

XIX 

Corazón que el odio inflama 
Con fratricidas rencores, 



Los grandes y los pequeños 


6 & 


No sabe que en los horrores 
Con que á la Patria, ¡ay! infama, 
Cuando á la fuerza proclama 
Arbitra de su derecho, 

El concepto más estrecho 
Le da á su causa si es buena, 

Y si es mala la condena 
Más su criminal despecho. 

XX 

Al gaucho desorientado 
Son los impostores ruines 
Los que lo arrastran á fines 
En que él no hubiera soñado. 
Pero el tiempo lo ha domador 
Sus garras perdió la fiera, 

Y la estulta montonera 
Por sí misma se deshace: 

Polvo que en la tumba yace 
De la barbarie postrera! 

XXI 

¿Qué hay en el que impele ciego 
Hacia el crimen de la guerra 
Al pobre hijo de la tierra 
Digno de lauto sosiego? 

¿De infernal locura el fuego? 
¿Monomanía homicida? 



Luis Metían Lafinur 


¿Desprecio á la ajena vida? 
¿Amor al incendio aciago, 

A la violencia, al estrago? 
¿Gozo en la sangre vertida? 

XXII 

¡Cuánta lágrima se llora 
En cada infame alzamiento! 
¡Cuánto hogar el sufrimiento 
Hasta las heces devora! 

¡Cuánto destruye y desdora 
La lidia que tala y quema! 

El que la impulsa blasfema 
Contra lo que hay de más santo! 
Reciba por crimen tanto 
De la Patria el anatema. 



HflLST» MORIR! 


No es del tranquilo lago azul la calma 
Con su linfa adormida en el misterio, 
Sometida al imperio 
De dulce languidez, 

La que cuadra á los tiempos borrascosos 
Que de batalla son campo infinito, 

Y en que de lucha el grito 
Ariete es á la vez. 

El bramido se anhela del océano 
Si su encrespada cólera dilata, 

O el rugido del Plata 
Cuando en febril ardor 
Empujado por el raudo pampero, 

Con el mar bronco rivaliza en brío 

Y como él es bravio: 

Como él hierve en furor! 

Las tormentas que zumban por el suelo 
Estremecido de la vieja Europa, 

Con su colmada copa 
De tósigo mortal, 


.5 



66 


Luis Melian Lafinur 


Envenenan las enlutadas nubes 
Que descuelgan su fúnebre ropaje 
Cual negro cortinaje 
De oscuridad fatal, 

Sobre América ansiando que entre horrores 
Expire el sol de su fulgente día 
Que en ella es lozanía 
Y alegre juventud. 

La espantan con sus tétricos problemas 
Que como de un volcán las erupciones 
Revientan maldiciones 
Contra la multitud 

Que los falsos profetas extravían 
Con la visión de un porvenir sombrío, 

Mas tal presagio impío 
Lo niega la razón! 

Sin reyes ni la estúpida insolencia 
De una degenerada aristocracia 
Alza la democracia 
Su incólume blasón. 

Y el pecho leal de muchedumbre inquieta 
Que en la Patria sus ojos tiene fijos, 

Futuros regocijos 
Alcanza á presentir, 

Y confía en los rumbos que serenos 
Marca el tiempo á los pueblos que encamina 

Así que les destina 
Gloria en el porvenir. 



Los grandes y los pequeños 67 

Mas para acariciar visión radiosa 
En la próvida zona del progreso 

Y no caer bajo el peso 
Del derrumbado altar 

De la esperanza marchitada en germen, 

Es fuerza que la voluntad se agite 

Y el corazón palpite 
En ansias de luchar. 

Luchar hasta morir! Luchar por siempre! 

En el campo de honor de augusta idea: 

Allí do centellea 
Sembrando destrucción 
La voz ardiente del tribuno austero 
En escritos y arengas calurosas, 

Para romper odiosas 
Trabas de la opresión. 

A la desigualdad estulta ¡fuego! 

Y ¡fuego! á los orgullos nobiliarios 
Otrora tan nefarios, 

Presa hoy del mercader! 

¡Fuego! al abominable oscurantismo 
Que del niño hace estólido un muñeca 

Y un organismo hueco 
De crédula mujer! 

En la brecha de pie, bravos soldados 
De la cruzada audaz del pensamiento! 

Vuestro ímpetu violento 
Cual despeñado alud, 



68 


Luis Mellan Lafinur 


liada detenga, hasta que al fin sonría 
El porvenir sin nubes, sin alarmas, 

Y entonces vuestras armas 
Se truequen en laúd, 

Que ha de templar el bardo que aun espera 
Para que el himno de sus glorias cante 
La América, gigante 
De una futura edad 
Que, sañuda, al romper los áureos cetros, 
Rumbo á la humanidad fijó luciente, 

Con levantada frente, 

Con férrea voluntad. 

Es para descansar tu helado lecho 
Asaz reposo, eternidad sombría! 

Y hasta ese arcano día 
¡Luchar! que es redimir! 

Luchar si en el cerebro hay una idea, 

En la pupila luz y ánimo osado, 

Que clame denodado 
¡Luchar hasta morir! 


1886. 



FRANCISCO FERRER. 


Las víctimas tendrán siempre en mi lira, 
De piedad y de amor férvida nota; 

El infame opresor sólo le inspira 
La indignación que de sus cuerdas brota. 

Los cortesanos cantan la azarosa 
Vida del César en campañas fieras; 

Y aun con abyección más vergonzosa 
Descienden, adulando, á otras esferas 

En donde ensalzan á soberbios reyes 
Que jamás por su cetro batallaron, 

Sus hazañas contándose por leyes 
Que á su orgullo feroz sacrificaron. 

Los pueblos en su cólera tremenda 
Saben hacer pavesa de Jos tronos. 

!No afrontan los tiranos la contienda 

Y tiemblan cuando rugen los enconos. 

No quedará, no, impune el asesino 
De Ferrer, si hay un pueblo todavía 
Que, árbitro augusto de inmortal destino, 
Odie, so el manto real, la cobardía. 



70 


Luis Mellan Lafinur 


¡Pueblo español! Las sombras de Lanuza, 
De Padilla, de Daoiz y de Yelarde, 

No hallarán para ti ninguna excusa 
Si del postrer Borbón el trono no arde. 

ím. 



HERBOm. 


«/ Niágara poderoso! 

«Adiós! Adiós! Dentro de pocos años 
« Ya devorado habrá la tumba fría 
« A tu débil cantor! Duren mis versos 
« Cual tu gloria inmortal! Pueda piadoso 
« Viéndote algún viajero, 

« Dar un suspiro á la memoria mía ». 

Del Niágara ensalzando la grandeza 
Fué una funérea y cruel melancolía, 

Sombra constante en el fatal sendero 
De tu edad juvenil, acibarada 
Por el amargo pan del desterrado, 

La que en tus labios la esperanza puso 
De no ser olvidado. 

Tu corazón confuso, 

Viera lo porvenir si acerba duda 
De tu perenne loor lo hubiera herido. 

¿Mas quién jamás podría de su mente 
Borrar tu canto excelso? 

]Ah! más que la fragosa catarata 
El vivirá! Tu nombre esclarecido 
Con ella por el mundo se dilata. 

Es «El Cantor del Niágara», profiere 



72 


Luis Mellan Lafinur 


La augusta Fama con su trompa de ora 
Cuando nombrarte sin tu nombre quiere* 
¡Poeta americano! 

¡Esa es tu verde palma 
Mientras se hable y se piense en castellano! 

Podrá crujir la tierra 
Rebramando en abismos cavernosos, 

Abrir sus fauces antros tenebrosos 
Al rugido infernal del orbe en guerra 
Dentro de sus entrañas! 

Podrá el aborto de hondo cataclismo, 

El Boreal Hemisferio socavado 
Desbordar mares, sacudir montañas 
Y dislocar podrá con rabia fiera 
La región en que halló soberbio asienta 
La maravilla que inspiró su acento 
De majestad á tu sublime lira!.... 

Pero aún así, jamás inerte olvido 
Que de la ingratitud al borde gira, 

Ajará con desdén indiferente 
Tu inmarcesible gloria 
Que crece y se difunde 
Más que en la voz del colosal torrente 
En tu estrofa viril. Y si al suspiro 
Del viandante entregaste el puro anhela 
De un recuerdo piadoso, 

Tú lo alcanzas sincero y caluroso; 

Que ante el raudal amenazando estraga 
¿Quién no vertió una lágrima 



Los grandes y los pequeños 


73 


Por tu destino aciago? 

Yo el más débil y humilde 
Entre los que tus versos admiraron, 

Al acercarme á la glacial cascada 
En ti pensé cuando sentí su trueno, 

Y más próximo afín, cuando la helada 
Lluvia azotó mi faz con nivea espuma 
Al surgir de la nube en torbellino 
Incubada en la furia que despeña 

El hirviente caudal de agua que choca 
Corriendo audaz por intrincada breña 
Contra la mole de impasible roca. 

Yo memoré las cuitas 
De tu amor desolado, 

Y no olvidé tus penas infinitas 
En el Calvario del extraño suelo 
Con la cruz del exilio atormentado! 

Y el horror santo que alimenta mi alma 

Por inicuos tiranos 

Y sangrientos verdugos, 

Lo volqué con tremendas maldiciones 
Sobre los que tu inmaculado nombre 
En el libro de infames proscripciones 
Sañudos inscribieron. 

¿Por qué tanta crueldad? Siempre al civismo 
Los déspotas con rabia persiguieron! 

¿Quién los recuerda ya como no sea 
A la picota expuestos, que la Historia 
Alza para amarrarlos? Miserables! 

De tu patria y hogar te despojaron, 



Luis Melian Lafinur 


T4 

Pero rodando fueron al abismo 

Que por sus propias manos se cavaron! 

Sus nombres execrables 
Cuentan apenas el honor del crimen 
En que feroces su pasión saciaron. 

Y th eres inmortal! El tiempo corre 

Y tu fama con él pura se extiende. 

El mundo de las almas escogidas 

Tus lágrimas comprende, 

Y refulgen tu vida y gloria unidas 

En la llama eternal que tu estro enciende! 

Niágara Falls— 1910. 



La MUJER DEL PESeaOOR. 


Soberbia, rauda barquilla 
Se balancea á toda vela, 

Y rastro niveo la quilla 
Deja en su plateada estela. 

Indomable movimiento 
Túmbala en el mar que ruge; 
Cimbra el mástil rudo viento 
í el casco sin cesar cruje! 

La angustiada compañera 
Del pescador suelta el llanto 
Cuando á la nave ligera 
Cubre de la bruma el manto, 

Y al hijo amado que abraza 
Con embeleso materno, 

Le dice: — Un marino en casa 
Basta á mi dolor eterno. 

— Que mis pesares ahorre 
No quiere tu padre, duro; 
Desalado y ciego corre 
Tras un abismo seguro. 



7G Luis Metían Lafinur 

Quiero de ti la promesa 
De que nunca el mar impío 
Tendrá seducción aviesa 
Para arrastrarte, hijo mío! — 

Cuando á la madre doliente 
La pena intensa labraba, 

La herida el adolescente 
Más ahondó, pues replicaba: 

— Nada sé de lo que el mundo, 
Madre, me haya reservado: 

Sé sí que un antro profundo 
Más es que el mar por ti odiado. 


¿Y á qué, entonces, madre, lloras, 
Si arrastrado en la corriente, 
Siempre verás que mis horas 
Consagré á la lucha ardiente? 

Rugido de mar que espanta 
Con hirvientes tempestades, 

No tiene, no, saña tanta 
Como la tierra maldades. 

Para combatir prefiero, 

Del mar con los roncos sones 
Arrullarme, que oir el huero 
Ruido de viles pasiones. 



Los grandes y los 'pequeños 

Y si en la batalla ruda 
Me todase caer postrado, 

Vale más la tumba muda 
Del seno del mar salado, 

Que festín ser en la tierra 
Del gusano que anhelante 
Invade el ataúd que encierra 
La corrupción repugnante. 

Si es bregar ley de la vida, 
Para soldado he nacido; 

El campo de lid reñida 
No soy yo quien lo ha elegido. 

— Lágrimas de acerba angustia 
Creí haberlas agotado, 

Cuando me postraba mustia 
Tu padre al ver embarcado. 

Por él vivo sin reposo, 

Que su fin triste presumo, 

Y tu futuro radioso 

Se desvanece cual humo. 

Tú pelearás con las olas: 

Un capricho á ello te impele; 
Deja, en tanto, que yo á solas 
De mi pena el llanto vele. 



78 


Luis Mellan Lafínur 


Al bramar con rudo viento 
La tempestad bronca y fiera, 

De un tenaz presentimiento 
Soy la víctima primera, 

Que con pavor siempre el mismo, 

La cruel visión me intimida 

De un bajel que en su hondo abismo 1 

La mar traga embravecida. 



BRUTO. 


De Bruto honrando el venerable nombre, 
Exclamó Marco Antonio: «Este era un hombre! 
Con frase propia de su heroica edad. 

Eso dijo ante el cuerpo del romano 
Que al suicidio acudió cuando en su mano 
No estuvo defender la libertad. 

No era á él la suerte de su Patria ignota! 

Desde Filipos en la infausta rota, 

Luctuoso miró y negro el porvenir! 

El tósigo letal del cesarismo 
Infiltrado en el pueblo; el despotismo 
De muerte á Roma para siempre herir. 

En un terrible pavoroso ensueño, 

En que el ánimo es sólo aflicto dueño- 
De una infernal y tétrica visión; 

En un supremo y desolado instante, 

De Roma las angustias vió delante 
En su desgarradora sucesión. 

Vió de Cleopatra en los amantes brazos 
A Marco Antonio, ya rotos los lazos 



80 


Luis Melian Lafinur 


De dulce Patria en el desierto altar. 

Y del lúbrico ardor en el exceso, 

De la egipciana en el candente beso 
Fundir toda su gloria militar. 

Vió en su marcha triunfal la tiranía: 

Que á la blanda la horrísona seguía! 

Ambas de igual cadena un eslabón. 

Después de Augusto, con su suave Imperio, 
Allanando el camino el cruel Tiberio 
A Calígula, á Claudio y á Nerón! 

Vió á la austera Moral con una venda, 

Y al Vicio recorrer su alegre senda 
Con la purpúrea clámide imperial; 

Que si Julia agotada se reclina, 

No fatigó jamás á Mesalina 

El goce de la inmunda bacanal! 

Entre vió en la molicie con que Augusto 
Sustituyó aquel régimen adusto 
De la antigua República y la Ley, 

El germen de los monstruos de demencia 
Criminal, que hundirían sin clemencia 
En sangre y deshonor la abyecta grey. 

Y mientras vierte Ovidio acerbo llanto, 

La tristeza que es numen de su canto 
Para implorar el imperial perdón, 

No arranca á sus amigos un consuelo! 

-El miedo infame y suspicaz recelo 
Del alma alejan toda compasión. 



Los grandes y tos pequeños 


81 


El César terco, á la piedad rehacio, 

En la lira inmortal tiene de Horacio 
De vil lisonja la menguada prez, 

¿A qué atender la del lejano exilio 
Cuando también lo mecerá Virgilio 
Del humo del incienso en la embriaguez? 

Adverso el hado vió Bruto en la hora 
Que de su inmolación fué precursora 
Arrastrado por cívica pasión; 

Y aquel verde laurel que orló la frente 
De Julio César, signo y precedente 
Comprendió que era de imperial blasón. 

Y muerta la República, vió todo 
Envuelto en sangre, corrupción y lodo, 

Al abismo correr hondo y fatal; 

Y en tanto que su pena hiel destila, 

Las huestes verá bárbaras de Atila 
Del orbe en la indefensa capital. 

Hizo bien en morir! La infame vida 
Con la argolla servil envilecida 
Del esclavo tenía él que romper; 

Para un alma como era la de Bruto, 
Fuera ignominia vil pagar tributo 
Al que usurpaba el popular poder. 

Si en el momento en que su triunfo falla 
No sucumbió en el campo de batalla, 


6 



82 


Luis Melian Lafinur 


Que es de todas las muertes la mejor, 
Hizo bien en librar él con sí mismo 
Otra batalla heroica de civismo 

Y bajar á la tumba con honor! 

Surja inconsciente el que anatematice 
Por sus actos á Bruto. Que analice 
Del temple de las almas el nivel; 

Y al recorrer la justiciera Historia, 

Más noble no ha de hallar otra memoria,. 
Más inmortal ni pura que la de él. 

¿Quién osará decir que es asesino 
El que mata, si encuentra en su camino 
Que, por robar, lo ataca un malhechor? 

Y el tirano á quien ni un estigma falta 

Y que la libertad traidor asalta 
¿Acaso no es un criminal mayor? 

Por el gran tribunal del mundo entero* 
Sentenciados, del último al primero 
Hacia el suplicio los tiranos van. 

Y los que el justo fallo ejecutaron 
Por la Patria, cual Bruto, resonaron 
Con nombres que jamás se olvidarán^ 


1886. 



¡ ADULADOR ! 


Meloso, suave, dulce, saluda! 

Finge cariño que es un primor! 

Y para elogios serviles muda 
Jamás su lengua se halla. Es sin duda 

Adulador! 

Ante el que manda, muy complaciente 
Se exhibe, y le hace cumplido loor! 
Sus reverencias buscan ambiente 
Para sus planes de pretendiente; 

¡Qué adulador! 

Su mano á un probo varón retira, 

Que fué su amigo siempre el mejor, 
Porque el gobierno bien no lo mira; 

Y eso su ingrata conducta inspira! 

¡Ah! adulador! 

Con sus bajezas mucho consigue 

Y da con ellas ejemplo el peor. 

Para que un pobre su afán mitigue. 
Cínico dícele: «Mis pasos sigue: 

Sé adulador»! 



84 


Luis Metían Lafinur 


¿Bajo la costra de tu indecencia 
Un grito no oyes que, acusador, 

Te llama á cuentas en la presencia 
De tu vil arte? ¿Tienes conciencia 
Tú, adulador? 

¿Cómo tenerla podrías? Al alma 
Da la conciencia virtud, valor, 

Innato orgullo de erguida palma, 

Y tú te encorvas en dócil calma, 

¡Oh! adulador! 

Declamatorias frases entonas 
A lo que finges tu patrio amor; 

Y así tu vida de histrión coronas; 

Sólo no mientes cuando blasonas 

De adulador! 

Sigue el camino que te has abierto; 
Marcha adelante: goza favor! 

Sé un instrumento sumiso y cierto, 

Obra por otros, derecho ó tuerto! 

Ye, adulador! 

Tus actos todos de ruin perjuro 
Nunca suscitan ira, rencor; 

Pero entre el mundo y tú hay un muro 
Que es peor que el odio: desprecio puro; 
Sí, adulador! 



Los grandes y los pequeños 


85 


Cuando te arrastras como un gusano 
Que busca ansioso luz y calor, 

Que tú te igualas con él es llano, 

Y él se avergüenza de ser tu hermano! 

¡Eh! adulador! 

Tendrás riquezas, tendrás empleos, 

Y en tu vil pecho, cruces de honor! 
Que jamás pasen de ahí tus deseos, 
Para tu vida no hay más trofeos: 

No, adulador! 

Tu gloria, insigne veste te crea 
De áureos adornos, sutil color. 

¿Qué más brillante que una librea? 
De tu alma propio, tu traje sea. 

¡Bah! adulador! 


188 o. 



HYPHTIZ*. 


Corren furiosos, sus crucifijos 
Fieros esgrimen; 

Son ellos monjes alejandrinos; 

Yan impulsados 

Por las corrientes del fanatismo. 

— La niña absorta, yo no me explico 
Dice, la saña 

Que hoscos, airados, usáis conmigo. 

¿Qué mal os hice 
De mi enseñanza yo en el camino? 

— Oh! tú, Hypatia! la turba dijo: 

Tú, joven griega 

Que en tus lecciones niegas á Cristo, 
Te llega la hora 

De en los infiernos hallar tu abismo, 

— La niña exclama: la que yo sigo, 
Filosofía, 

Más pura es que alma de tierno niño; 

Si así no fuere, 

Sellar sabría yo el labio mío. 



Los grandes y los pequeños 87 

De sus palabras hacen ludibrio 
Aquellos monjes, 

Y más aguzan su fiero instinto. 

La pobre mártir 

Ve que desgarran ya sus vestidos. 

Pudor que tiembla pone rojizo 
Aquel semblante 

Que las pasiones no han encendido. . . 

— Dadme mis ropas, 

Concluid si os place, después, conmigo. 

— ¿Qué ropas quieres, cuando ahora mismo 
Tus carnes todas 

Te arrancaremos, los huesos limpios 
Dando á la hoguera 
Antes que sean también malditos? 

Aun en las ansias de su martirio, 

La dulce virgen 
A sus verdugos así les dijo: 

Impíos frailes, 

Vosotros solos odiáis á Cristo! . • . 


1883. 



EL PROSCRITO. 


Pena no cabe de más cruel venganza. 

Ni se inventó jamás mayor suplicio, 

Que aquel que desespera y que tortura 
¡Ay! al proscrito! 

Sabía el duro, el implacable Sila, 

Al prodigar su envenenado exilio, 

Que al romano el mayor tormento daba 
Si era proscrito! 

Comprende el desterrado de la Patria, 

La amargura mortal que inferna á Ovidio- 

Y por qué llora llanto tan acerbo! 

¡Era un proscrito! 

¿Qué no deja en la Patria el que la pierde? 
Con el recuerdo de su hogar tranquilo 
Se agolpan las más puras afecciones 
Para el proscrito! 

Y nada existe en extranjero suelo, 

Que de la dulce Patria el cruel vacío 
Pueda llenar en el dolor constante 

¡Ay! del proscrito! 



Los grandes y los pequeños 




Cuando en la noche del invierno crudo 
Llega el mendigo hacia su helado asilo, 

La fiera á su guarida, al nido el ave, 

Gime el proscrito! 

¡Porque envidia esos seres! Su miseria 
No les niega en la Patria un pobre abrigo; 

Y de ella ni una tenue brisa viene 

Hasta el proscrito! 

Es extraño, á lo que su vista abarca, 

Y á cuanto oye en su gélido camino, 

Porque nada es de lo que escucha y mira 

Grato al proscrito! 

La luz que radia celestial destello, 

El aura que allí exhala su suspiro, 

Ni hálito son ni lumbre que acaricien 
Nunca al proscrito! 

Si vuelan á su Patria las memorias 
Que son del alma inspiración y ritmo, 

Al retornar aguijan su honda pena 
En el proscrito! 

Si de airado enemigo la amenaza 
Pone á la Patria en ansias y peligro, 

Su exilio el alto honor de defenderla 
Niega al proscrito! 



90 


Luis Mellan Lafinur 


Y en vano es ¡ay! que en su destierro aciago, 
Al sentir de la muerte el postrer signo, 

De la Patria un rincón para sus huesos 
Pida el proscrito! 



MONÓLOGO DE CORTÉS. 


Monstrum nulla virtuts 
rcdemptum a vitiis. 

JüVENAL. 

De Vera Cruz en el candente suelo 
Empieza mi famélica cruzada: 

Traigo dos armas de opresión y duelo: 

El crucifijo y mi sangrienta espada. 

Lo que vale esa espada de asesino 
Que como emblema del honor es nula, 

El pobre indio lo supo en el camino 
Que llevé al exterminio de Cholula. 

Ya de mi brazo la pujante hazaña 
He inaugurado en un glorioso día! 

En honor sea de Cristo y prez de España 
Mi primer colosal carnicería. 

Del pueblo azteca robaré el tesoro. 

Tormento y muerte á quien su hogar defienda! 
Cuando no me harte del vencido el oro, 

Será con mis soldados la contienda. 



92 


Litis Melian Lafinur 


Á ellos también expoliaré del precio 
De mis cómplices ser en mil horrores: 

Cesen los viles en su alarde necio; 

No amenguan mi codicia sus clamores. 

En mi alma no hay un solo instinto humano; 
Tranquilo en brazos de otro vi á mi amante; 

Y en una orgía, presa de odio insano, 
Estrangulé á mi esposa suplicante. 

Consumé á hierro y fuego la conquista! 

El fraile fué mi hermano en la jornada: 

Y del quemado vivo, ante mi vista, 

El verdugo atizó la llamarada. 

No dejé piedra sobre piedra; todo 
Sin piedad y con gozo yo he arrasado; 

Y sobre ruinas, entre sangre y lodo, 

Cien templos á mi credo he levantado. 

Al mexicano sin hogar ni altares 
De su vida arranqué dulce y sencilla; 

Y lo vendí en las ferias populares 
Como bestia, marcado en la mejilla! 

De mi conciencia sé acallar el grito 
En mis preces de hidalgo y de cristiano; 

De la Iglesia soy yo un hijo bendito, 

Y héroe sin tacha para el rey hispano. 


México. D. F. 1907. 



TfteiT©. 


La humanidad convulsa y espantada, 
La luctuosa necrópolis recorre 
De los días recónditos y horribles! 

Ve sanguinosos, pálidos espectros 
Que surgen de la pena y la tortura 
Para entenebrecer en la memoria 
La lúgubre visión de lo pasado 
Do rara vez su obscuridad despierta 
En la aurora que rompe densas nubes. 
Y si á la lobreguez la vista tiende 
De los nefastos tiempos en que Roma 
A los pueblos vejaba y oprimía 
¿Qué podrá ver? El negro promontorio 
Con que la sangre del martirio amasa 
El pedestal de un túmulo gigante 
Para la inmensa pavorosa tumba 
Que tragaba ¡insaciable Minotauro! 
Las vidas que juzgase el despotismo 
Déla misericordia desahuciadas. 

Es la posteridad la que piadosa 
Vierte ¡ay! en los anónimos sepulcros 
Las lágrimas por siglos comprimidas! 



94 


Luis Meltan Lafinur 


Si el terror de esos tiempos se recuerda, 

No se concibe el corazón humano, 

Sustituido por furias infernales 
Que en sus nefandas iras estremecen 
La tierra en sus cimientos, retumbando 
Con el eco de gritos de exterminio! ! 

Tal fuó el imperio que incubara César, 

Cuando de su ambición en el mareo, 

De laurel se ciñó aquella corona 
Que pagó con el precio de su vida. 

De época umbrosa en que es el mundo estrecho 
El dolor para ahogar que lo conmueve, 

Nace potente el fúnebre anatema. 

Evocador del hondo cataclismo 
De la justicia y la moral proscritas, 

Surge el varón á quien ninguno alcanza 
En el rigor de su robusto acento: 

Flagelador austero de ignominias. 

Los monstruos execrables que de Roma 
La libertad y la honra escarnecieron, 

Y á la dominadora audaz del orbe 
Hundieron en el fango y el oprobio, 

Ya juzgados están. Yacen por siempre 
De la vergüenza en el profundo abismo 
Que la Historia para ellos ha cavado 
Con mano firme y voluntad serena. 

Mas si no hubiese Tácito su mente 



Los grandes y los pequeños 


95 


Luminosa, y sus odios implacables 
Contra el crimen atroz, puesto al servicio 
De la augusta Verdad, ¿quién conociera 
El ruin descenso en la romana estirpe? 
¿Quién la degradación que perseguía 
Como sombra ultrajante á los plebeyos, 
Sin que el pretenso prócer se librase 
De ser servil cual la infamada casta? 

Es el cuadro tan tétrico y sombrío, 

Que peligrara su color sangriento 
La realidad de horripilantes líneas, 

Y sólo se tomaran sus escenas 
Por fantástico sueño de lo impío 
En la imaginación atormentada, 

Si el seguro pincel no descubriese 
Que la ficción no cabe allí do impera, 
Como estrella polar de un mundo ignoto, 
La verdad rutilante de la Historia. 

Oh! pueblo desgraciado! Preparaste 
Con tu degradación el despotismo, 

Cáncer devorador que así aniquila 
Tanto el recuerdo de pasada gloria 
Como el honor de la época presente, 

Por una eternidad, borrando el rastro 
Que hacia el deber los pasos encamina, 
Para marcar los que al derrumbe llevan 
De las instituciones, que muy pronto 
No serán más que las cenizas frías 



96 


Luis Melian Lafinur 


Del decoro y la fama relegados 
A la tumba callada del olvido! 

Humillado y contento en sus cadenas 
Y en su letargo adormecido el pueblo, 

No lo despierta ya el eco tunante 
De la voz tribunicia del pasado. 

A su vida deleite son tan sólo 
Las farsas de los cínicos histriones, 

Que logran siempre el popular aplauso, 

O el lascivo furor de las bacantes 
Desnudo el seno, la mirada incierta, 

Con el cabello suelto, ebrias, tañendo 
Los instrumentos que en su inmunda orgía 
De la lujuria dan ritmo á la danza 
En su sensual y ardiente desenfreno! 

Del romano en el vicio encenagado 
La única aspiración es «Pan y Circos»! 
Ya en el Foro la frase no resuena 
De Hortensio y de los Gracos. La lisonja 
Que al que la oye pervierte y que deprava 
El labio impuro de que brota artera 
En pro del poderoso, ha sustituido 
La voz que un día se elevó á la altura 
Do se forja aquel rayo que fulmina 
Con su conminación á los perversos! 
Cornelia no es ejemplo á los hogares 
Para formar los probos ciudadanos. 

La plebe endurecida y la alta clase 



Los grandes y los pequeños 


97 


Que la contempla con desdén profundo, 
En iguales cadenas aherrojadas 
Para olvidar su esclavitud infame 
Daránse cita en la espantable arena 
Do aplaudirán el bárbaro torneo 
Del gladiador en sangre revolcado. 

Más que las hordas que asolaron rudas 
La Roma que el Imperio degradaba, 

El vengador es Tácito implacable 
Que la honda corrupción y villanía 
De dictadores y de grey abyecta 
Lanzó á la indignación del mundo entero 
En sentencias que son el plomo hirviente 
Que exacerba el encono de una herida 
Que nunca cicatriza. El duro fallo 
Dictado está por siempre. No declina 
De su abominación y estigma justo 
Esa posteridad que no perdona 
El crimen, ni siquiera lo atenúa. 

Y la voz vengadora en el espacio 
Atravesando edades, desolada 
Lanza de execración el grito eterno 
Que por los siglos de los siglos cunde 
De Tácito en las iras inmortales. 


1879. 



A UNA YftNKBB. 


Cuán garbosa tu figura! 

Qué arrogancia 
En tu andar! Y qué elegancia 
En tu talle y apostura! 

En tu cabello ¡qué rizos 
Si eres blonda ! 

Sin que ser morena esconda 
El imán de tus hechizos! 

¿Y qué decir de tus ojos, 

Ora azules, 

Pardos, negros?: que aun con tules 
Radian amor, luz, antojos! 

En el cáliz escondido 
Tu pie cabe 

De una rosa: harto lo sabe 
Quien lo mira embebecido! 

Y el candor de tu sonrisa 
Que embelesa! 

Es la flor que á abrir empieza 
Con el beso de la brisa! 



Los grandes y los pequeños 


Mas nada pienso que iguale 
A tu gracia; 

Que es al artificio rehacía, 

Y espontánea de ti sale. 

Pero ese mágico emporio 
Que tú ofreces 

De encantos con que enardeces, 
Al fin es el Purgatorio! 

La igualdad nunca es tu lema! 

Despotismo 
Si se trata de civismo, 

O es de matrimonio el tema! 

Y en el conyugal consorcio, 

Que se afile 

Si un cuitado cae; y apile 
Sumisión. Si no, divorcio! 

Tu orgullo jamás tolera 
Al marido 

Creer que le esté permitido 
Tener voluntad siquiera ! 

Tu altivez un trono erige 
Que es un gozo ! 

Si no lo acata el esposo 
Eso á ti poco te aflige : 



Luis Melian Lctfinur 

Pones al rebelde asedio 
En seguida, 

Y si nada lo intimida 
Viene el radical remedio : 

O mísero gurrumino, 
Subyugado, 

O marido divorciado : 

Ese es todo su destino ! 

Y tú en la lucha triunfante 

Buscas otro 

Cuitado, que el mismo potro 
Inquisitorial no espante. 

Si aquél al fin se rebela, 

No hay cuidado ! 
Vendrá un tercer desdichado 
A marcar la nueva estela ! 

Y si tampoco á tu grito 

Lo sometes, 

Sustituirlo te prometes 
Hasta dar con un bendito ! 

De mujer libre, tu anhelo 
No peligra ! 

Y da con quien te denigra 
Tu revólver en el suelo ! 



Los grandes y los pequeños 


m 


Te acompañan los amigos 
En tus viajes. 

Si vas sola nunca ultrajes 
Temes de tus enemigos. 

Juzgas ser obra nefanda 
La que niega 

Los derechos por que brega 
Tu constante propaganda. 

Quieres completo el sufragio. 
Profesiones 

Ejercer, que en ocasiones 
Son de tu sexo el naufragio. 

Eres médica, ingeniera, 
Abogada, 

Aspiras á diputada 

Y te encanta ser banquera! 

Y le añades á tu lista 

De locuras, 

El furor con que te apuras 
En la cuestión sufraguista. 

Son tus afanes prolijos 
En la calle. 

Y es secundario detalle 
El cuidado de los hijos. 



102 


Luis Melian Lafinur 


¿Hijos dije? No los quieres, 

Y es asunto 

A que das con fraude punto 
Si es que trabas en él vieres. 

¿A do va tu fantasía? 

¿Do te lleva 

La insensatez de una prueba 
Para tu sexo sombría? 

¿Por qué es que incauta deseas 
El prestigio 

De tus gracias al litigio 
Lanzar de opuestas ideas? 

Es tu teatro hogar sereno; 

Mas te agobia 
Ser esposa, madre, novia, 

De la familia en el seno! 

Y con estandarte rojo 

De anarquista, 

Sigues al hombre la pista 

Y es imitarlo tu antojo! 

Electora en cuatro Estados! 

Eso es nada! 

La partida va ganada 

Y serán pronto aumentados. 



Los grandes y los pequeños 

Es poco ser electora; 

Y el momento 
Buscas de ir al Parlamento 
Para en él, de senadora 

O simple representante, 

Decir luego: 

Quiero todo á sangre y fuego 
Llevármelo por delante! 

Y lo que Laces del marido, 

Continuarlo 

Con cuanto hay, hasta dejarlo 
Todo á tu voz sometido! 

Brillante es la perspectiva 
De cotorras, 

Armando al hombre camorras 
Por pasiva y por activa! . . . 

Proclamando guerra airada 
Las polleras! 

Y en manos de cantineras 
El ejército y la armada! 

El porvenir es, seguro, 

De alborotos. 

Y saber los vidrios rotos 
Quién pagará es algo obscuro! 



104 


Luis Melian Lafinuf 


A mi Patria, delirante, 
Desgraciada 

Viera con mujer letrada, 
Matemática, votante, 

Médica con cirugía, 

Y aun sin ésta: 

En médicas creer me cuesta! 

Ni dando la homeopatía! 

Con bisturí las sabihondas 
Son temibles! 

Y sus estragos horribles 
En sangrientas trapisondas! 

Dislocaciones sociales! 
Mamarrachos! 

Que truecan en marimachos 
Las mujeres más ideales! 

Son ellas peste en el Norte, 

Y al presente 

Hacia el Sud del Continente 
Nuevo, piden pasaporte. 

Que no lo obtengan! Temido 
Mal ejemplo 

Ya han dado las que en el templo* 
De Hipócrates se han metido! 



Los grandes y los pequeños 


105 


Mucho me asusta el contagio! 

Cuántos males, 

Si tras las profesionales 
Se cuelan las del sufragio! 

Washington D. C. 1910. 




ÍNDICE 




INDICE 


PÁGINAS 

Los Treinta y Tres 7 

Tentación 20 

Quevedo ... 2 o 

Maximiliano . 28 

Tentanda via 29 

Cristo ... ... 38 

Arnaldo de Brescia. ... 40 

Pro Patria 41 

Los semi-dioses 43 

El Gaucho 55 

¡Hasta morir!. ... 65 

Francisco Ferrer 69 

Heredia 71 

La mujer del pescador 75 

Bruto ... 79 

¡Adulador! 83 

Hypatia 86 

El proscrito 88 

Monólogo de Cortés 91 

Tácito 93 

A una yankee - 98